América Latina consolida su liderazgo renovable: La región alcanza un 67% de generación eléctrica limpia

La matriz eléctrica de América Latina y el Caribe (ALC) ha demostrado una capacidad de adaptación y resiliencia notable. Según datos de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE), en abril de 2026 la región generó 164 TWh de electricidad, registrando un crecimiento anual del 4,5%. A pesar de los desafíos climáticos que impactaron a la hidroelectricidad, el 67% de la energía producida provino de fuentes renovables, reafirmando la posición de ALC como una de las zonas más limpias del planeta.

Diversificación ante la variabilidad climática

El informe destaca una transición inteligente hacia sistemas más diversificados. Si bien la hidroelectricidad se mantiene como la columna vertebral del sistema regional, aportando el 44,6% de la generación total, su producción registró una baja de 9,4 TWh en comparación con abril de 2025.

Sin embargo, el sistema regional demostró una alta capacidad de respuesta ante esta fluctuación. La disminución hídrica fue exitosamente compensada por un crecimiento en otras tecnologías:

  • Energía eólica: +5,1 TWh.

  • Gas natural: +4,6 TWh.

  • Bioenergía: +3,3 TWh.

Esta sinergia entre las fuentes limpias emergentes y el gas natural como respaldo estratégico permite a la región garantizar la seguridad del suministro eléctrico frente a los retos climáticos actuales.

El podio de la renovabilidad

El compromiso con una matriz limpia es dispar pero contundente a nivel regional. De los 27 países miembros de OLACDE, nueve destacan por superar el promedio regional del 67% de renovabilidad, liderando el camino hacia la transición energética:

  1. Paraguay: 100%

  2. Uruguay: 97%

  3. Costa Rica: 92%

  4. Ecuador: 92%

  5. Brasil: 88%

  6. Colombia: 87%

  7. Venezuela: 86%

  8. Belice: 76%

  9. Perú: 68%

Hacia un futuro energético seguro

Para los analistas de OLACDE, el modelo de crecimiento registrado en abril de 2026 confirma que la integración de tecnologías renovables, complementadas por fuentes de respaldo térmico eficiente, es el camino correcto para mejorar la seguridad energética. En una región donde las variaciones climáticas son cada vez más frecuentes, esta capacidad de diversificación tecnológica no es solo un objetivo ambiental, sino una necesidad estratégica para asegurar la continuidad operativa de los sistemas eléctricos nacionales.