El deporte es mucho más que cronómetros y distancias; este 12 de julio, el NIRSA Ocean Run demostró que también puede ser un salvavidas para el ecosistema marino. En su tercera edición, la iniciativa logró congregar a más de 500 entusiastas en Plaza Riocentro (Ciudad Celeste), quienes no solo corrieron por salud, sino por una misión urgente: la conservación de las tortugas marinas en las costas de Manabí.
Un impacto que trasciende la carrera
La jornada no terminó al cruzar la meta. Gracias al respaldo de un sólido frente de marcas aliadas y a la energía de la comunidad, el evento recaudó más de USD 20.000, fondos que fueron entregados íntegramente a la Fundación Reina Laúd.
Esta inversión marcará una diferencia real en el terreno:
Tecnología y logística: Adquisición de GPS marinos, motocicletas y conectividad satelital para el monitoreo en campo.
Sostenibilidad operativa: Financiamiento de alimentación y combustible para los voluntarios que cuidan 40 kilómetros de playa entre Crucita, San Jacinto, San Clemente y Bahía de Caráquez.
Divulgación: Producción de contenido para documentar y sensibilizar sobre la protección de la biodiversidad manabita.
«Este respaldo nos permite ampliar nuestro alcance y demuestra que la participación ciudadana y el compromiso del sector privado son el motor para conservar nuestro patrimonio natural», señaló Kerly Briones, presidenta de la fundación beneficiaria.
Crecimiento de un movimiento consciente
Lo que comenzó hace dos años como una iniciativa local con 400 personas ha madurado hasta convertirse en un hito esperado por la ciudadanía guayaquileña. La tercera edición, con su formato de Ocean Party —una experiencia abierta y familiar—, logró convertir la concienciación ambiental en una celebración comunitaria.
Para los organizadores, la clave de este éxito radica en el propósito compartido: «El cuidado de los océanos no puede construirse de manera aislada. Cuando ciudadanos y empresas sumamos voluntades, transformamos una simple carrera en una oportunidad real de cambio», explicaron desde la organización.
Con esta tercera edición, el evento se consolida no solo como una cita deportiva, sino como el estandarte de un movimiento ciudadano que busca garantizar un océano vivo para las próximas generaciones. La huella que dejaron los corredores este domingo en Ciudad Celeste promete durar mucho más que los cinco kilómetros recorridos.
